


De niño, Omar Arcega tuvo la suerte- prácticamente negada a generaciones posteriores - de viajar en tren. En consecuencia, el ferrocarril, tan central a la historia de su país, también forma parte de su historia personal. Sin embargo, a diferencia de la mayor parte de los que compartimos su suerte de haber andado, mucho y gustosamente, en tren, Omar no relegó la experiencia al terreno de los recuerdos cariñosos, sino que volvió a las vías, ya no con la lentitud decimonónica de los trenes, sino con el paso aún más tardado y más arraigado en la historia de la humanidad: el del viajero a pie.
Acompañado por un par de amigos emprendió varias caminatas por las vías; la más ambiciosa los llevó hasta Oaxaca. En el proceso aprendieron a acampar, a preparar sus comidas, a curar las ampollas producto de caminar 40 kilómetros al día y a respetar el territorio de los indocumentados.
Omar había adoptado como suyo el lema del artista visual belga Francis Alÿs: “El deambular para encontrar”, e inició su andar con la intención, en sus propias palabras, “de realizar un desplazamiento carente de imperativos que no sean el viaje, el paisaje, la máquina, el encuentro, la experiencia del lugar y de la vida errante… escapar para lograr integrar una suma de fragmentos de encuentros y desencuentros”.
A pesar de su arraigo en la historia, el proceder como artista visual de Omar Arcega es totalmente contemporáneo. Concibe a su quehacer artístico como un proceso, un circular sin cesar, y se propuso manejar el registro de sus viajes mediante una bitácora que contendría las imágenes obtenidas de cada viaje, además del registro escrito de las anécdotas y pláticas que éste suscitara. Otras tareas abarcaron la recolección de clavos de vía, elementos desprendidos al paso de la locomotora, astillas y, en su caso, objetos de carga.
Todo este material y estas vivencias serían vertidas posteriormente al dibujo (y Omar dibuja muy bien), la transferencia (un proceso gráfico que pasa una imagen de fotocopia a otro papel), la instalación, la fotografía y el grabado. Lo ecléctico de su producción y su calidad innegable están de manifiesto en las paredes de este museo.
Además, el artista integra a esta muestra otro tipo de elementos que no provienen del viaje, sino de su archivo, que es producto de su trabajo e investigación: imágenes y gráficos tomados de los acervos del Centro de Documentación e Investigación Ferroviarias del Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos; además de otras fotografías que como aficionado a los trenes posee. Incorpora estos elementos a su producción en grabado en metal y a su obra en collage, litografía, xilografía y dibujo.
El grabado de Omar Arcega empieza con el tórculo tradicional, pero después abandona el taller y graba directamente en la vía. El paso de la locomotora aplica la presión necesaria al papel y a los pequeños elementos de metal, entre ellos monedas cuidadosamente colocadas en la vía por el artista en sesiones de trabajo caracterizadas por incidentes con perros ajenos y largas esperas del tren para poder culminar el grabado.
Luego comienza a enriquecer sus imágenes gráficas añadiéndoles elementos tridimensionales, el fruto de sus viajes. Aquí estamos ante las reliquias: astillas, monedas y clavos aplastados, seleccionados y colocados debajo de una imagen sugerente a manera de mudos testigos.
El manejo de elementos recogidos es central en la obra de Omar Arcega. Con el rescate, registro, catalogo, inventario, reconfiguración y relectura de archivos, Omar escoge y reordena fragmentos y asigna nuevas funciones a materiales conocidos, creando así su imaginario: un pasado recuperado, un presente enriquecido.
En sus bitácoras de objetos y de fotografías encontramos el testimonio más preciso de una actividad básica de este artista: la invención de un orden significativo. Su tenacidad, su ojo agudo, su sentido de historia y su instinto creativo se juntan para crearlo.
Con esta exposición se completa el ciclo creativo que el artista dedica al ferrocarril, pero Omar no se olvida del motor de su actividad creativa: el circular sin cesar, y esto pronto se verá con los resultados de otro ciclo, con otras temáticas, porque Omar Arcega se siente vivo en movimiento, subido al tren de la vida, buscando cómo compartir con nosotros sus siempre agudas interpretaciones de lo que le toca vivir.
oye regalame uno de esta serie no?
ResponderSuprimirjejeje
soy joel saludos